A lo largo de la historia de los combustibles fósiles, el gas, que siempre se encuentra en los yacimientos de petróleo, era separado y descartado como un elemento inútil. Cuando se descubrió que era un combustible vehicular potencial y un generador de energía, se catalogó como una fuente convencional de energía no renovable, con emisiones contaminantes menores que el petróleo y el carbón y se comenzó a explotar de manera industrial, pero en menor medida que el crudo. Por su eficiencia y sus bajos precios se posicionó como un energético competitivo en el mercado. En el 2006 cuando iba ganado terreno como generador de energía en las térmicas, el país cometió un error al planificar su oferta de gas teniendo en cuenta sólo el gas explotado a nivel nacional, eliminando del panorama la posibilidad de importación, esto condujo a una gran reducción de confiabilidad en la oferta del producto y provocó que las termoeléctricas, que eran clientes potenciales, renunciaran al gas como combustible principal y prefirieran volver a generar con combustibles líquidos como carbón y Diesel (3482 MW de las 3925 MW que generaban con gas). Durante estos años, la oferta de gas se ha disminuido, como es de esperarse en los combustibles fósiles y las proyecciones apuntan a un déficit en febrero de 2024.

En la actualidad, el país se enfrenta a una necesidad de transición energética para enfrentar el cambio climático y diversificar los mercados dominantes de energía, por esta razón, la Misión de Transformación Energética hace la propuesta de reactivar el sector gas, pues es un combustible que si bien no es renovable, es menos contaminante que los demás no renovables existentes y puede servir de puente entre los combustibles fósiles y las energías renovables, dando tiempo de que estas últimas desarrollen una mejor confiabilidad para los usuarios y no caigan en el desabastecimiento.

Para que el gas cumpla su rol de combustible de transición es necesario ampliar su oferta abriendo paso a la importación, creando plantas regasificadoras de régimen abierto, pautando lineamientos de contratación, regulación tarifaria y modelos de negocio robustos que permitan un correcto y exitoso desarrollo del sector. También la Misión busca ampliar el esquema de generación nacional, viabilizando procesos tan polémicos como el Fracking y facilitando licitaciones frenadas por procesos ambientales inconclusos. Con un incremento confiable en la oferta, se viabiliza la reintegración de las termoeléctricas como cliente potencial, pues los precios se establecerían de manera coherente y el gas retomaría su posición de principal combustible de generación térmica.

Es un compromiso que el país busca adquirir junto con el sector industrial, transporte y de servicios públicos, con el fin de mitigar el efecto invernadero, perseguir metas acordadas como la del acuerdo de París, desarrollar el nuevo modelo energético (descarbonización, digitalización y descentralización), ir a la vanguardia en tecnologías de energía renovable y por supuesto lograr tener una estabilidad energética y económica.

 

Natalia Ávila Moreno 

Ingeniera de Petróleos

Aliada estratégica de OGE Legal Services

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